Sin embargo muchos padres, considerando que era una herramienta del gobierno para adoctrinar a los jóvenes en los valores progresistas, han optado por que sus hijos boicotearan esta asignatura, mediante una objeción de conciencia a la misma.
Hoy el Tribunal Supremo, tras varios días de deliberaciones ha negado la posibilidad de que los alumnos puedan dejar de cursarla, indicando que no procede Objeción de Conciencia en esta materia (con 22 votos a favor y 7 en contra).
Por mi parte, como profesor en activo de un centro público me parece adecuada la medida, pues está dentro de nuestro sistema educativo que se concreta en la actual ley de educación que fue aprobada democráticamente en el Parlamento. Los valores que fomenta esta asignatura obligatoria pueden perfectamente ser asumidos por todos (incluyendo los creyentes católicos), al margen de su ideología, su procedencia, su nivel socioeconómico, etc. En los países de nuestro entorno europeo, esta materia se viene impartiendo con diferentes denominaciones, pero en ningún otro sitio ha creado tanta polémica.
Es evidente que vivimos en un mundo globalizado en el que hay muchas desigualdades e injusticias y gran número de conflictos dificultan la vida y la supervivencia de millones de personas. Es necesario que tomemos conciencia de este mundo cambiante y de todos los valores que surjen de la vida en sociedad (solidaridad, tolerancia, respeto...)
Lo que subyace a esta desobediencia hacia la asignatura Educación para la ciudadanía y los derechos humanos, bien dirigida desde ciertos sectores, es mantener la primacía de la Religión Católica dentro de la escuela ahora que hay alumnos de diferentes creencias. Se ha hecho hincapié de forma injusta en aspectos como los nuevos tipos de familia (aunque en los manuales editados hasta ahora apenas se mencionan), ya que es una hecho que existen en nuestra sociedad padres divorciados, niños adoptados, parejas de personas del mismo sexo, etc. Eso es algo que ha molestado profundamente a los defensores a ultranza de la familia tradicional y es uno de los principales argumentos esgrimidos para rechazar la asignatura. Con la Iglesia hemos topado.
Por suerte, vivimos en un Estado laico y aconfesional y tarde o temprano esos muros se van a derribar.
Hoy el Tribunal Supremo, tras varios días de deliberaciones ha negado la posibilidad de que los alumnos puedan dejar de cursarla, indicando que no procede Objeción de Conciencia en esta materia (con 22 votos a favor y 7 en contra).
Por mi parte, como profesor en activo de un centro público me parece adecuada la medida, pues está dentro de nuestro sistema educativo que se concreta en la actual ley de educación que fue aprobada democráticamente en el Parlamento. Los valores que fomenta esta asignatura obligatoria pueden perfectamente ser asumidos por todos (incluyendo los creyentes católicos), al margen de su ideología, su procedencia, su nivel socioeconómico, etc. En los países de nuestro entorno europeo, esta materia se viene impartiendo con diferentes denominaciones, pero en ningún otro sitio ha creado tanta polémica.
Es evidente que vivimos en un mundo globalizado en el que hay muchas desigualdades e injusticias y gran número de conflictos dificultan la vida y la supervivencia de millones de personas. Es necesario que tomemos conciencia de este mundo cambiante y de todos los valores que surjen de la vida en sociedad (solidaridad, tolerancia, respeto...)
Lo que subyace a esta desobediencia hacia la asignatura Educación para la ciudadanía y los derechos humanos, bien dirigida desde ciertos sectores, es mantener la primacía de la Religión Católica dentro de la escuela ahora que hay alumnos de diferentes creencias. Se ha hecho hincapié de forma injusta en aspectos como los nuevos tipos de familia (aunque en los manuales editados hasta ahora apenas se mencionan), ya que es una hecho que existen en nuestra sociedad padres divorciados, niños adoptados, parejas de personas del mismo sexo, etc. Eso es algo que ha molestado profundamente a los defensores a ultranza de la familia tradicional y es uno de los principales argumentos esgrimidos para rechazar la asignatura. Con la Iglesia hemos topado.
Por suerte, vivimos en un Estado laico y aconfesional y tarde o temprano esos muros se van a derribar.

5 COMENTARIOS. GRACIAS POR OPINAR.:
Hay q aceptar el mundo en q vivimos, les guste o no a algunos... y siempre crei q sería muy interesante una materia en la q hablen de todas las religiones, no solo de la catolica...
un abrazo!
En la Constitución Española, vigente desde 1978, se especifica claramente que España es un país aconfesional. Ya me parece contrario a esa norma el hecho de que se dé clase de religión católica en los colegios (¿por qué católica y no de cualquier otra religión?), pero que encima se pretenda que la gente objete a una asignatura del plan de estudios, aprobado en el Parlamento, me parece de chiste. Otros alumnos podrían objetar a Matemáticas, Lengua, etc, total, ya puestos...
Me alegro mucho por lo de educación para la ciudadania y me parece impresentable que los que estan en contra de ella presenten el argumento de que son los padres los que deben educar moralmente a a sus hijos. ¿Acaso se han preocupado alguna vez los padres de conocer y estudiar cuales son los mejores metodos para educar?
Estoy completamente de acuerdo contigo Juanma. Y te digo más, como docente en activo, yo también, me avergüenzo de que los debates que se generan en torno a la educación sean meramente políticos e interesados. La educación de nuestros alumnos es mucho más importante que si una asignatura le gusta a un partido político y a otro no.
Basta ya de debates chorras y objeciones absurdas y vamos a intentar sacar adelante entre todos un sistema educativo que hace aguas por muchos sitios y que es lo verdaderamente preocupante.
Un saludo.
Otra cosa, religión (de cualquier tipo) fuera de las aulas YA!
Pensadores. Creo que en las áreas relacionadas con la historia ya se transmiten contenidos relacionados con las diversas religiones que hay en el mundo, pero creo que insistir más en el conocimiento de los derechos y deberes de las personas como ciudadanos.
Silvia. Está claro que si España es un país aconfesional, debe ser neutral en cuanto a las creencias religiosas de sus estudiantes y no dar prioridad a ninguna religión sobre otra. Entiendo que la Educ. para la Ciudadanía fomenta valores que sirven para todos, al margen de sus creencias. Es curioso que la mayoría de personas que en su día hicieron objeción de conciencia al servicio militar (entre ellos me incluyo yo mismo) no son los mismos que ahora pretender objetar esa asignatura obligatoria.
Nacho. Es importante la educación dentro y fuera de la escuela, pero considero que un excesivo control por parte de los padres hacia la escuela la devalúa y le impide fomentar la autonomía y de despertar el espíritu crítico en sus alumnos.
Gabriel. Estoy de acuerdo contigo en que la religión no ha de tener cabida en la escuela, pues con los fondos que se destinan a la educación, que sufragamos todos, no se debe adoctrinar a nadie, ni dar prioridad a ninguna creencia por encima de las demás. Gracias por vuestros comentarios.
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