Todos hemos cometido equivocaciones en la vida y en la mayor parte de los casos pagamos por ellas, de una forma u otra.Muchos errores de cálculo han provocado graves accidentes en la historia reciente de la humanidad como el hundimiento del Titánic, el accidente de la central nuclear de Chernobil, las explosiones del Challenger y del Columbia, etc.
La crisis económica actual se produjo por una sucesión de errores financieros y las medidas que se han tomado para salir de ella tampoco pueden considerarse como las más acertadas.
En los últimos meses ha habido 2 trágicos accidentes de avión con varios centenares de víctimas. Ambos cayeron al mar (he puesto una foto del Cabo Peñas en Asturias), uno al Océano Pacífico y otro en el Índico. Tan solo una adolescente de catorce años se salvó de forma milagrosa. Estos hechos, como otros muchos, que han tenido trágicas consecuencias, no se pueden atribuir únicamente a errores humanos, pues la tecnología tampoco es infalible. Pero la construcción y el mantenimiento de esos aparatos voladores son responsabilidad de personas con mayor o menor competencia y profesionalidad.
Me ha sobrecogido la noticia del fallecimiento del niño Rayán (el hijo de la primera víctima de la Gripe A en España) en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La causa ha sido un posible error a la hora de administrarle el alimento, pues en lugar de hacerlo por vía nasogástrica, parece ser que una enfermera se lo inyectó directamente en sangre. Aún es demasiado prematuro para extraer conclusiones, pues habrá una investigación y de ella se derivarán responsabilidades incluso penales (aunque la Justicia tampoco destaca por su precisión). Eso se une a la sospecha de que la madre no tuvo una atención adecuada en el diagnóstico y posterior tratamiento de su enfermedad. Lo siento mucho por esa familia que ha recibido dos golpes durísimos.
Me inquieta sinceramente que se produzcan errores de este tipo en nuestra sociedad. Espero que se tomen las medidas adecuadas para prevenir este tipo de hechos. La vida humana ha de estar por encima de todo y las personas en las que confiamos nuestro destino deben estar muy preparadas para esta misión tan delicada. No es lo mismo un accidente que una negligencia.
Las campañas de la Dirección General de Tráfico utilizan lemas como: "Las imprudencias no sólo las pagas tú", e insisten en que cada año debemos evitar que nuestros errores al volante, pues estos no los tienen que sufrir los demás, y nos conciencian en la línea de una conducción responsable (utilizando el cinturón, no beber antes de conducir, respetar las señales, etc.)
Todos tenemos derecho a errar, pero cuando se trata de fallos que cuestan vidas, hay que replantearse muchas cosas.
Yo siempre he sido muy crítico con las guerras, pues en ellas todos pierden. Cuando el presidente de un país manda a sus militares a intervenir en un conflicto bélico, también ha de ser responsable de las muertes que se produzcan en ambos bandos, pues ha estado en su mano no participar en la contienda y ha decidido hacerlo con todas las consecuencias.
Está claro que el que puede tomar grandes decisiones se expone a cometer graves errores. Yo espero y deseo que las equivocaciones que siga teniendo en la vida nunca traigan como consecuencia ninguna desgracia, ya que al trabajar en la educación cada año tengo muchos niños a mi cargo y soy responsable de ellos dentro de la escuela. Se dice que hay que estar con mil ojos, pues los niños son imprevisibles y no son plenamente conscientes de los peligros.
Digamos que mientras exista el ser humano seguirá habiendo errores. Hemos de hacer lo posible para que sean leves y que no nos condicionen para el resto de nuestra vida.
La crisis económica actual se produjo por una sucesión de errores financieros y las medidas que se han tomado para salir de ella tampoco pueden considerarse como las más acertadas.
En los últimos meses ha habido 2 trágicos accidentes de avión con varios centenares de víctimas. Ambos cayeron al mar (he puesto una foto del Cabo Peñas en Asturias), uno al Océano Pacífico y otro en el Índico. Tan solo una adolescente de catorce años se salvó de forma milagrosa. Estos hechos, como otros muchos, que han tenido trágicas consecuencias, no se pueden atribuir únicamente a errores humanos, pues la tecnología tampoco es infalible. Pero la construcción y el mantenimiento de esos aparatos voladores son responsabilidad de personas con mayor o menor competencia y profesionalidad.
Me ha sobrecogido la noticia del fallecimiento del niño Rayán (el hijo de la primera víctima de la Gripe A en España) en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La causa ha sido un posible error a la hora de administrarle el alimento, pues en lugar de hacerlo por vía nasogástrica, parece ser que una enfermera se lo inyectó directamente en sangre. Aún es demasiado prematuro para extraer conclusiones, pues habrá una investigación y de ella se derivarán responsabilidades incluso penales (aunque la Justicia tampoco destaca por su precisión). Eso se une a la sospecha de que la madre no tuvo una atención adecuada en el diagnóstico y posterior tratamiento de su enfermedad. Lo siento mucho por esa familia que ha recibido dos golpes durísimos.
Me inquieta sinceramente que se produzcan errores de este tipo en nuestra sociedad. Espero que se tomen las medidas adecuadas para prevenir este tipo de hechos. La vida humana ha de estar por encima de todo y las personas en las que confiamos nuestro destino deben estar muy preparadas para esta misión tan delicada. No es lo mismo un accidente que una negligencia.
Las campañas de la Dirección General de Tráfico utilizan lemas como: "Las imprudencias no sólo las pagas tú", e insisten en que cada año debemos evitar que nuestros errores al volante, pues estos no los tienen que sufrir los demás, y nos conciencian en la línea de una conducción responsable (utilizando el cinturón, no beber antes de conducir, respetar las señales, etc.)
Todos tenemos derecho a errar, pero cuando se trata de fallos que cuestan vidas, hay que replantearse muchas cosas.
Yo siempre he sido muy crítico con las guerras, pues en ellas todos pierden. Cuando el presidente de un país manda a sus militares a intervenir en un conflicto bélico, también ha de ser responsable de las muertes que se produzcan en ambos bandos, pues ha estado en su mano no participar en la contienda y ha decidido hacerlo con todas las consecuencias.
Está claro que el que puede tomar grandes decisiones se expone a cometer graves errores. Yo espero y deseo que las equivocaciones que siga teniendo en la vida nunca traigan como consecuencia ninguna desgracia, ya que al trabajar en la educación cada año tengo muchos niños a mi cargo y soy responsable de ellos dentro de la escuela. Se dice que hay que estar con mil ojos, pues los niños son imprevisibles y no son plenamente conscientes de los peligros.
Digamos que mientras exista el ser humano seguirá habiendo errores. Hemos de hacer lo posible para que sean leves y que no nos condicionen para el resto de nuestra vida.

6 COMENTARIOS. GRACIAS POR OPINAR.:
como tu bien has dicho mientras exista el ser humano existiran los errores
un abrazo
Lo del niño de Madrid muerto, es un error forzado por la privatizacion de la sanidad. La que deberia estar muerta es ESPERANZA AGUIRRE que es uan autentica atila de los derechos sociales.
Auxi. Tienes razón en que no hay nada más humano que errar. Agradezco tu opinión.
Nacho. Te ruego que vuelvas a editar tu comentario y no seas tan radical, pues no se puede desear la muerte de nadie. JM.
Desear la muerte de las malas personas no es nada malo. Si hubiera triunfado la operación Walkiria se habrian salvado muchas vidas.
Nacho
Hola! Errores va a haber siempre porque es parte de nosotros, pero muchos de los ejemplos que pones no los consideraría erores, porque mucha gente veía que algo andaba mal y no hacía nada por solucionarlo o impedirlo (por ejemplo, la crisis economica actual o alguns accidentes de auto o de avión)...
Te esperamos en nuestro blog, un abrazo!
Publicar un comentario en la entrada