martes, 2 de marzo de 2010

¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Ya vaticinaron los mayas, cuyo calendario concluye en 2012, que los años que preceden a la extinción del ser humano, estarán llenos de cataclismos y muchas personas morirán de forma muy trágica en terremotos, volcanes, inundaciones... Tal vez, alguien interprete en las centurias premonitorias de Nostradamus un escenario similar para lo que está ocurriendo actualmente. Sinceramente, no creo que el fin del mundo esté tan próximo, pero sí que pienso que cada vez el caos y el desorden se van apropiando de nuestro planeta sin que podamos remediarlo. Sería interesante que para entender esto revisáramos títulos clásicos como: Un mundo feliz de Aldous Huxley, La decadencia de occidente de Oswald Spengler, Diagnóstico de nuestro tiempo de Karl Mannheim, La muchedumbre solitaria de David Riesman o La rebelión de las masas de Ortega y Gasset.
Las personas nacemos como una máquina perfecta y envejecemos enfermos, rodeados de problemas, con la huella de nuestro pasado y llenos de imperfecciones. Y es que lo que nace puro también se corrompe, como las flores que se van marchitando.
He observado que últimamente se habla de nuevas enfermedades que provocan epidemias o pandemias (algunas de ellas creadas artificialmente por la industria farmacéutica). Conozco varios casos de personas que han fallecido por tumores fulminantes que han acabado con ellos en pocas semanas, suicidios o muertes violentas.
En este contexto apocalíptico, se puede enmarcar el terrible terremoto que en la madrugada del sábado asoló la ciudad de Concepción en Chile y varias localidades cercanas. Esto ha traído como consecuencia una cifra creciente de víctimas mortales. De momento se han contabilizado alrededor de 800 y más de dos millones y medio de damnificados (que han perdido su casa y sus pertenencias). Ha sido uno de los más grandes seísmos de la historia (8,8 grados en la escala Richter). Aún está muy presente el terremoto de Haití, aunque en este caso las consecuencias no han sido tan dramáticas, pues al contrario que el país centroamericano, Chile es una de las naciones más desarrolladas y prósperas de América Latina. Aún así, este país no está exento de tener que recibir ayuda internacional y sin duda que llegará. De momento se ha instalado el toque de queda y el ejército vela por la seguridad en las calles, en las que hay innumerables saqueos y pillajes y se teme por que prosperen epidemias y enfermedades propias de la carencia de higiene, agua potable, medicamentos y atención sanitaria adecuada. Esperemos que este país andino se pueda recuperar pronto de este suceso.

En nuestra sociedad, que se presupone desarrollada, vemos que las ciudades cada vez son más complejas y más caóticas, ruidosas y llenas de contaminación y en ellas aparecen cada vez más personas con conductas despreciables: delincuentes, violadores, líderes de sectas, pederastas, psicópatas asesinos, manipuladores, mafiosos, y embaucadores. Muchas personas honradas se ven abocadas al desempleo y los trabajadores son saqueados de sus tradicionales derechos, en una explotación permanente y son víctimas de la siniestralidad laboral.
Los accidentes de circulación también dejan cada año muchas vidas.
En muchas familias (que las hay de todo tipo), los padres no encuentran valores para transmitírselos a sus hijos, pues la TV silencia la mayor parte de las conversaciones. La educación va perdiendo el rumbo, pues está de moda dejarse arrastrar por la corriente.
La política está llena de corrupción y de sucios intereses que cada día se alejan más de los problemas y los intereses de los ciudadanos. Muchas figuras relevantes mueren de éxito.
En esta crisis permanente, todo gira en torno al dinero, que está cada vez peor repartido. El terrorismo, la violencia de género o la criminalidad organizada también forman parte de este caos del siglo XXI.

También en la climatología se observa cierta entropía, tal vez motivada por la acción del hombre sobre la naturaleza, lo cual provoca incendios, vertidos incontrolados, extinción de especies, etc.

El pasado fin de semana no se ha hablado de otra cosa más que de la ciclogénesis explosiva (o tormenta perfecta) que ha dejado tras de sí una oleada de destrucción, cerca de 40 muertos en Europa. Sin ir más lejos, en Burgos han fallecido 2 personas tras caérseles encima un muro derribado por el viento. Y es que, en nuestro país, hemos sido testigos de un invierno muy riguroso, en el que han abundado las precipitaciones y el frío. La pasada semana se han registrado fuertes lluvias en la zona meridional de España que ha ocasionado cuantiosas pérdidas. En esta foto se puede ver el río Pisuerga con un caudal bastante alto.
Lo que está claro es que no todo este caos se produce por causas naturales, pues la mano del hombre también está detrás (incendios, calentamiento global, contaminación...). En las últimas semanas hemos tenido noticia de la acción bélica llevada a cabo por la OTAN en Afganistán, donde un día sí y otro también se producen víctimas civiles en los bombardeos. En el mundo hay más de 100 guerras y la mayor parte de ellas no salen en los medios de comunicación. Se ponen y quitan dictadores según los intereses de la potencia de turno. En la lucha contra el terrorismo internacional se sacrifica la intimidad en favor de la seguridad (con los escanner de los aeropuertos) de manera injustificada en muchos casos.
En lugar de conseguir la paz, se está prendiendo la mecha de un polvorín que cualquier día va a estallar. La paz no se impone, se construye día a día desde las escuelas, en las familias, en las calles, desde el pensamiento crítico y sobre unos cimientos de justicia y libertad. Las personas de buena fe, cada vez tenemos más dificultades, pues creer en esos valores y luchar por ellos es lo más parecido a navegar contra corriente.
Ante tanto desorden, surge la pregunta de hacia dónde vamos, qué sentido tiene nuestra vida, pues somos un minúsculo punto dentro de la inmensidad del universo.

2 COMENTARIOS. GRACIAS POR OPINAR.:

Silvia M. dijo...

Existe una magnitud física llamada "entropía", que indica la cantidad de desorden dentro de un sistema físico. Y resulta que la entropía del universo siempre aumenta. Por ejemplo, es muy fácil coger un vaso de cristal y romperlo en mil pedazos, simplemente dejándolo caer al suelo desde cierta altura; sin embargo, esos pedazos jamás se reunirán espontáneamente para volver a formar el vaso, que es un sistema mucho más ordenado que los trozos aislados. Tal vez lo que está ocurriendo en la sociedad, y en el mundo en general, esté relacionado con esto... El ser humano siempre trata de avanzar a contracorriente en el universo, y al fin y al cabo, eso es lo que nos permite evolucionar (¿o tal vez el problema es que, en lugar de evolucionar, estamos involucionando?)

J.P.G. dijo...

Silvia. Me encanta cuando sale a relucir tu faceta científica, pues no se puede decir algo tan claro en tan pocas palabras como tú.
Coincido contigo en pensar que la clave es avanzar contra corriente dentro de la sociedad, de esa manera seremos plenamente felices y habremos contribuido en mayor o menor medida a frenar el desorden que se apodera del planeta. Un besazo. JM.