jueves, 8 de noviembre de 2012

EL PROFESORADO INTERINO

En la práctica totalidad de centros educativos hay un grupo de personas que se dedican a la docencia, pero están en régimen de interinidad, es decir no tienen un puesto fijo. Estos profesores y profesoras van haciendo sustituciones y cubriendo vacantes que se quedan libres en los colegios e institutos.
Sé muy bien de lo que hablo porque hasta hace bien poco yo he formado parte de este colectivo y he vivido en primera persona mucho de lo que cuento a continuación.
La Real Academia Española de la Lengua define a interino (en una de sus acepciones) como el que ejerce un cargo o empleo por ausencia o falta de otro
Los interinos son esos nómadas o trotamundos de la enseñanza que van de aquí para allá con su coche o sin él, haciendo y deshaciendo maletas, siempre cubriendo las plazas que les dejan los funcionarios de carrera. También desempeñan su trabajo en núcleos rurales, escuelas hogar tipo internado, o “guetos” educativos dentro de las ciudades. Hacen muchas jornadas parciales de 10 horas o menos, a la semana. En muchos de esos casos, al estar en otras provincias lejos de sus familias o en pueblos muy alejados de la capital, se ven obligados a buscar vivienda de alquiler o a compartir piso, haciendo realidad el dicho de “lo comido por lo servido”. En otras ocasiones pierden incluso dinero para no rechazar el trabajo y decaer en las listas. También a veces si quieren trabajar (por tener pocos puntos) no les queda más remedio que coger vacantes singulares (que nadie quiere o no puede cubrir), plazas en hospitales e incluso en centros penitenciarios (aunque no son plazas obligatorias). Otros hemos tenido que irnos a otra comunidad porque en nuestra tierra no tuvimos la oportunidad de empezar a ejercer en la profesión en la que nos habíamos preparado.
Los profesores en régimen de interinidad cubren más de la mitad de las plazas itinerantes, que consisten en dar clase en varios centros educativos (sobre todo en las especialidades de Música, Educación Física, Inglés, Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje), generalmente del medio rural: colegios rurales agrupados (C.R.A.), escuelas unitarias o colegios alejados de las grandes poblaciones. Pueden llegar a pasar auténticas penurias en invierno sin más compañía que la niebla, la lluvia, la nieve o el granizo, por carreteras sinuosas de montaña o auténticos caminos de cabras casi intransitables. También pueden itinerar los docentes de las escuelas de adultos o de los colegios de las ciudades (en este caso son profesores compartidos entre varios centros). A veces llegan a centros en los que no funciona la calefacción, ubicados en construcciones antiguas llenas de humedad, con la pizarra desgastada por ver pasar a varias generaciones de alumnos, sin ordenador, ni mucho menos pizarra digital, con pocos libros actuales, si acaso un ejemplar viejo de la enciclopedia Álvarez.
Recientemente se ha estrenado una película titulada El Profesor (dirigida por Tony Caye), en la que el actor norteamericano Adrien Brody da vida a un profesor sustituto. Este docente, al no permanecer mucho tiempo en cada centro, a penas puede mantener una buena relación afectiva con sus alumnos o sus compañeros.
Considero que para ser un buen maestro hay que tener especial sensibilidad para tratar a personas, ser comunicativo, tener temple, paciencia, buena organización, sentido del humor, inteligencia, dinamismo para trabajar en equipo, cultura general  y sobre todo ser buena persona (este es el único requisito indispensable), pues has de predicar con el ejemplo ante los niños e incluso ante sus familias. La verdad es que todos los años coincido con compañeros que tienen todas o la mayor parte de esas cualidades y generalmente son interinos. Seguro que alguno de los profesores más brillantes que hemos tenido en nuestra infancia o en nuestra juventud han estado eventuales o en régimen de interinidad, sin nosotros saberlo.
En estas épocas en las que se desprestigia al funcionario en general, aún se habla peor de los interinos, pues se les tilda de enchufados, vagos, aprovechados, ineptos (por no haber superado una oposición) y poco competentes.
Pero los que llevamos mucho tiempo en esto de la enseñanza sabemos que esto no es así, pues también participan en las oposiciones y en muchos casos llegan a superar la fase de oposición, pero no obtienen plaza por cuestiones ajenas a su voluntad. El sistema selectivo para acceder a la docencia es un concurso-oposición, en el que se valora por un lado la calidad de los exámenes (su valoración es totalmente subjetiva) y por otro la experiencia, junto a los demás méritos.
Hace unos años, en las oposiciones había muchos aspirantes que aprobaban los exámenes pero, en igualdad de condiciones, sólo los que tenían más experiencia se llevaban el gato al agua. Pero de unos años a esta parte, se ha primado más la juventud y se ha preferido aprobar a gente muy joven con escasa o nula experiencia y se le cierra el paso a los “dinosaurios” o “interinos históricos”. El injusto sistema de oposición deja mucho margen para la manipulación (ante la pasividad de los sindicatos), lo cual da lugar a “amiguismo” y al establecimiento de cupos de aprobados por tribunal. Eso conllevaba que personas inicialmente aprobadas vieran recortada la nota por debajo de 5 para no poder pasar a la fase de concurso, lo cual es injusto, inmoral y sobre todo ilegal. En este sentido, el contencioso que se interpuso contra la Consejería de Educación en 2009 por 85 afectados, marcará un antes y un después.
¿Dónde está la incompetencia y la ineptitud? (Hay que recordar que las personas que ejercen de tribunal son funcionarios de carrera y sus decisiones tienen gran trascendencia en la vida de muchas personas).
Tengo esperanzas en que en el futuro más próximo, los sistemas selectivos de personal docente en la enseñanza pública sean mucho más objetivos y más justos que en la actualidad.
Con la crisis económica que vivimos en nuestro país, se ha producido un notable deterioro de sus condiciones laborales y a muchos de estos profesionales se les han adjudicado peores plazas, o se han visto que, de buenas a primeras, no les llamaban para trabajar. Algunos, después de varios años de obtener vacantes, han pasado a realizar sustituciones (dejando de cobrar en los meses de verano) o han pasado de tener puestos cerca de su casa a tener que hacer larguísimos trayectos para llegar a su lugar de trabajo desde su casa donde residen con su familia. Lo más dramático es que en este curso está teniendo lugar una drástica reducción de plantillas y se han dejado de contratar a unos 500 profesores interinos en toda Castilla y León. ¿Alguien se piensa que no se va resentir la calidad de la enseñanza? ¿De verdad se creen que aumentando las ratios van a aprender de la misma manera los alumnos? ¿Se va a seguir escatimando medios personales y materiales para la atención a la diversidad? ¿Cómo se van a desarrollar los programas de bilingüismo si no hay dinero para llevarlos a cabo?
Y es que, aun siendo algo obvio, hay quien no se da cuenta que la mayoría de docentes interinos son seres humanos que tienen su familia, hijos, sus hipotecas, sus pagos... Son personas que también tienen sueños e ilusiones (que pasan por olvidarse algún día de las oposiciones para siempre). El que no lo ha vivido no sabe lo que es añadir al estrés del trabajo diario, tener que estar todos los años echando los papeles para presentarte nuevamente al proceso selectivo, rellenando farragosos formularios con unos datos personales que obran en poder de la Administración desde hace mucho tiempo, pero que eso no te exime de tener que presentarlos una y otra vez: papeles para la adjudicación informatizada, papeles para reclamar, papeles para la convocatoria de oposiciones, papeles de hojas de servicio para justificar la experiencia, de los cursos, de las titulaciones, etc. Y que no se te olvide ninguno porque si no te quedas fuera. Es una presión que se hace más fuerte según van pasando los años, pues las ataduras y los compromisos personales son cada vez mayores y el tiempo para estudiar y la capacidad de retención ya no es la misma que al principio.
Los interinos son los últimos que eligen plaza, los últimos que se incorporan a los centros y como consecuencia de eso, no les queda más remedio que elegir las peores tutorías o los grupos más problemáticos. Es la sensación de que eres el último “pelagato”, el que tiene voz pero no voto o el que tiene que tragar con lo que sea. No te puedes amoldar mucho a un sitio, pues en el mejor de los casos pronto te mandarán a otro. Por mucho que te impliques con tus alumnos y en el centro, sabes que tu nombramiento tiene fecha de caducidad y poca gente valorará las cosas que hagas por los alumnos más allá de tus obligaciones (salidas, festivales, actividades extraordinarias).
No sé si alguien se ha parado a pensar que estas personas que recorren muchos centros logran acumular una experiencia valiosísima, mayor que la del profesor que no se ha movido de su destino desde el principio. Esa experiencia que atesoran no se tiene en cuenta en los concursos de traslados una vez que esa persona aprueba una oposición. Siempre se tiene que valorar a efectos profesionales la experiencia de los centros privados y concertados (a pesar de que sus criterios de selección son muy cuestionables), pero más aún la experiencia acumulada por los profesores interinos de la enseñanza pública. De hecho, hay sentencias europeas que avalan que no se puede discriminar económicamente, a personas que han ejercido en la misma categoría profesional, aunque unos lo hayan hecho como eventuales y otros con la plaza asegurada. Eso ha posibilitado que el profesorado interino cobre trienios desde el año 2007 y actualmente se está empezando a pagar sexenios a este colectivo.
Al profesorado que itinera se le pagan los desplazamientos desde la cabecera del CRA, pero no desde su domicilio. Las dietas de pago por kilómetros llevan muchos años sin actualizarse, por eso, a penas cubren la gasolina, pero no otros aspectos como el desgaste de coche, averías, revisiones además del esfuerzo personal que supone tener que coger el automóvil todos los días. Por la pequeña compensación horaria que te dan, la mayoría de funcionarios de carrera huyen de estas plazas.
A los funcionarios interinos no se les regala nada, pues son ordenados por méritos y sus listas son publicadas en lugares públicos, tras hacer participado en un concurso-oposición que se atiene a los principios de igualdad, capacidad y mérito (al menos teóricamente). Generalmente suelen tener más dificultades para estudiar que los recién titulados, pues la mayor parte de ellos tienen familia y otras obligaciones  y eso les resta mucho tiempo potencial de estudio.
Para el llamamiento de las sustituciones, en Castilla y León el método no es muy fiable ni transparente, pues se sigue con los llamamientos telefónicos, mientras que en otras comunidades, las adjudicaciones de las sustituciones también se publican en las páginas de sus respectivas consejerías de educación.
En Asturias, alrededor del 21% de los docentes son interinos, es decir, uno de cada 5 profesores no tiene plaza fija. Esto ocurre porque hace varios años que no se convocan oposiciones allí (las de primaria y secundaria se hacen en años alternos). Generalmente cuando no hay oposiciones, las tasas de interinidad aumentan, pero últimamente el problema es que se están llamando cada vez a menos. No se sabe donde estará el límite de reducción de efectivos, supongo que hasta que los padres se harten y exijan a los poderes públicos que cesen esta sangría de personal docente que está dejando a las escuelas, colegios e institutos en una situación bien lamentable.
En contra de lo que pueda parecer, no se puede prescindir de estos profesionales, pues siempre va a haber maternidades, enfermedades y excedencias de los profesores titulares y todos los niños siguen necesitando profesor (salvo que nos sustituyan por robots). Han podido dejar de contratar a muchos, pero cuando no hay personal, cuando no se cubren las bajas, la calidad de la docencia se resiente y no se sostienen los centros educativos.
A los padres les da igual que el profesorado esté estable o inestable, que sea funcionario de carrera o interino... Lo único que les importa es que sus hijos tengan una buena educación, que les sirva para la vida, para desenvolverse en la sociedad.
Para eso hacen falta profesores creativos, soñadores, aventureros, docentes todoterreno, personas que se esfuercen en reciclarse, en aprender a utilizar las TIC con inteligencia, que sepan mirar a la cara a sus alumnos y descubrir sus necesidades... Muchas veces te das cuenta que estas personas, interinos en su mayor parte, hoy están aquí, mañana allá y pasado mañana tal vez en el paro. 
En este mundo globalizado en el que se rinde culto a lo efímero, predomina lo desechable antes que lo reciclable o lo sostenible, se fabrican objetos con obsolescencia programada: usar, tirar y volver a consumir... A nivel profesional se puede contratar y despedir empleados con una facilidad pasmosa, es el paraíso de las empresas de trabajo temporal, hoy vales pero mañana estorbas. En este contexto, viven y subsisten los interinos. Muchos directores no pueden retener a excelentes profesionales que pasan cada año por las aulas de sus centros, pues el sistema que se sigue hace casi imposible que puedan estar más de un año seguido en un mismo centro. Es algo a lo que te llegas a acostumbrar, pues ¿acaso no es la vida una interinidad? Como decía el poeta Machado: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar...
Pero no sólo basta con que hagan cursos específicos para los interinos, desde esta bitácora quiero pedir a las administraciones educativas que protejan a este colectivo (que es el más vulnerable dentro de los docentes) y se esfuercen en encontrar fórmulas que les den mayor estabilidad, pues estos profesionales constituye una pieza clave dentro de los centros educativos.
Un lugar típico de encuentro en la red son los foros, que siempre tienen mucha animación.
Tomando prestado el lema que utilizaba cierto sindicato, quiero decir que yo también soy defensor del profesor, pero especialmente del profesorado interino.

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